Cumple ardientemente tu papel y entrégate de lleno a la labor en tu propio campo, sin dejarte llevar del ensueño. Tú eres así y no de otra manera. Acepta la vida, pero jamás dudes de tu eficacia en ella. Aleja toda duda inútil, toda idea de imposibilidad que te hayan inculcado. Perfecciónate en aquello que puedes hacer bien y perfecciona el cachito de mundo que te toca trabajar. Vuélcate en tu amor en ese metro cuadrado que ocupa tu existencia. No lo abandones.


martes, 31 de agosto de 2010

SOBRE HUMANOS SOBREHUMANOS

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Mohamed Salim

"Más inhumano es no tener trabajo"

Conozco cada calle, atajo y bache de Calcuta. Después de 38 años tirando de mi «rickshaw», esta ciudad no tiene secretos para mí. La recorro a diario, esquivando coches y peatones, transportando a mis pasajeros de aquí para allá con la fuerza de mis piernas. Ah, no soy un caballo humano. Soy un hombre que se gana la vida de forma digna. Como un taxista, sólo que yo soy el motor.

Muchos piensan que es un trabajo inhumano. Más inhumano es no tener trabajo. El Gobierno intenta prohibir los carritos manuales por motivos humanitarios. Pero si me quitan el «rickshaw», ¿de qué viviré? A mis 62 años, no sé hacer otra cosa. Esto es mejor que mendigar o recoger basura. Se suponía que nos ofrecerían una alternativa, pero todavía esperamos las propuestas. Yo creo que el Gobierno no se preocupa por nosotros, sino que piensa que damos mala imagen a la ciudad.

Llegué a Calcuta en 1972 desde Bihar, un estado muy pobre, como la mayoría de los conductores de «rickshaw». Desde entonces la ciudad ha cambiado mucho. Ya ni siquiera se llama Calcuta. Ahora es Kolkata, aunque en realidad nadie utiliza este nombre. Antes no había muchos coches. Ya no es así. Ahora los coches están por todas partes y el trabajo es más peligroso. En la carretera manda el vehículo más grande. Y nosotros somos los más pequeños. A pesar de todo, seguimos siendo útiles. Cuando llegan las lluvias del monzón y la ciudad se inunda, el «rickshaw» es el mejor medio de transporte. Los taxis no pueden circular con las calles llenas de agua y la gente no puede caminar. Así que cobramos el doble.

Pero mis clientes favoritos son los turistas, los que mejor pagan con diferencia. Suelo andar por la calle Sudder, donde van los mochileros, a ver si pillo algún extranjero. Contratan carreras cortas porque creo que no les gusta que un hombre tire de ellos. Supongo que se suben al «rickshaw» por curiosidad y para hacerse fotos. Mis servicios son baratos. Por una carrera corta cobro unos 0,1 euros; por una larga, 0,5 euros. Al final de una jornada de 12 horas puedo ganar unos tres euros. Al mes reúno unos 100 euros. A eso hay que restarle 12 euros del alquiler mensual del rickshaw y 1,3 euros mensuales por el garaje donde vivo junto con otras 25 personas. Mi otro gasto importante es la comida. Hay que estar fuerte para tirar del «rickshaw». Si no comes bien, no puedes trabajar.

Más de la mitad de lo que gano se lo envío a mi familia. Mi mujer, cuatro hijos y tres hijas viven en el pueblo de Bihar donde nací. Les visito cada tres meses. Dos de mis hijas ya están casadas. Mis tres hijos estudian. Aunque yo pensaba que ellos podían continuar con mi trabajo cuando ya no tenga fuerzas, ellos tienen otros planes. El mayor, de 20 años, quiere irse a Bombay. Cree que allí tiene más posibilidades que tirando de un «rickshaw» en Calcuta. La India ha cambiado y los jóvenes tienen otras expectativas.

En realidad no sé cuantos «rickshaws» manuales quedan en Calcuta. El Gobierno dice que 6.000, pero otros afirman que el doble. Esta es la única ciudad donde todavía existen. Hubo una época en que estaban por toda la India. Pero han desaparecido. Y también desaparecerán de Calcuta. Mientras tanto, ¿te llevo a alguna parte?

Jaime León

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